El Ministerio de Igualdad afianza su rumbo entre cifras, territorios y un pulso decisivo en el Congreso
En un ambiente político marcado por cuestionamientos, tensiones presupuestales y un debate abierto sobre su continuidad jurídica, el Ministerio de Igualdad y Equidad se abre paso mostrando avances concretos y
En un ambiente político marcado por cuestionamientos, tensiones presupuestales y un debate abierto sobre su continuidad jurídica, el Ministerio de Igualdad y Equidad se abre paso mostrando avances concretos y defendiendo el papel estructural que busca cumplir en la política social del país.
Desde su llegada a la cartera en agosto, Juan Carlos Florián Silva ha insistido en que la entidad no solo está viva, sino que está cumpliendo. En un encuentro reciente con periodistas, el ministro detalló que la ejecución presupuestal avanza en dos frentes simultáneos: la vigencia de 2025 y una reserva proveniente de 2024. “Recibí un Ministerio con un 6% de ejecución y hoy estamos en el 33%. Creo que hubo una confusión respecto a las cifras, porque estamos ejecutando al tiempo una reserva del 2024 y el presupuesto del 2025”, explicó.
El funcionario asegura que el Portal de Transparencia refleja únicamente la vigencia 2025, lo que genera una percepción parcial del avance real. La aclaración llega en un momento sensible, cuando la entidad se juega algo más que un porcentaje: su continuidad en el organigrama estatal. Las Comisiones Primeras de Senado y Cámara definirán si el Ministerio permanece o no, una decisión que puede redefinir el alcance de las políticas sociales del país.
Para Florián Silva, lo que está en juego va más allá de un trámite administrativo. “Es un ministerio de país, no es un ministerio de gobierno. Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Este Ministerio asumió la responsabilidad de conducir la política pública social en 14 sectores que antes estaban dispersos o sin anclaje institucional”, sostiene. Su mensaje busca subrayar que, de caer el Ministerio, quedarían en el aire áreas cruciales como mujeres en sus diversidades, juventudes, población LGBTIQ+, comunidades afro, pueblos indígenas, personas con discapacidad y habitantes de calle.
El impacto territorial es otro de los argumentos centrales. Con presencia en los 32 departamentos, la cartera afirma haber superado la fase de instalación para entrar en una etapa operativa visible. El ministro destaca que el equipo llegó desde los movimientos sociales y que esa experiencia ha sido clave para desplegar un plan de choque que aceleró la ejecución y llevó la agenda de igualdad al terreno. “Somos un equipo que viene de la lucha social, del activismo; hijas, nietas, sobrinas, hermanas que hemos sobrevivido a distintas violencias. Esta es una labor inmensa y la estamos haciendo con toda la fuerza”, afirma.
Uno de los programas que mejor ilustra ese enfoque es Jóvenes en Paz, que hoy supera los 30.500 jóvenes vinculados en el país. De acuerdo con el Ministerio, la iniciativa ha demostrado capacidad para alejar a la población juvenil de dinámicas delictivas, reduciendo riesgos y fortaleciendo proyectos de vida en zonas históricamente golpeadas por el conflicto y la informalidad.
Mientras avanza la discusión legislativa que definirá su permanencia, el Ministerio de Igualdad y Equidad apuesta por mostrar resultados, orden administrativo y claridad presupuestal. Su estrategia es evidente: consolidarse no solo como una entidad funcional, sino como un instrumento indispensable para cerrar brechas en un país marcado por profundas desigualdades.
Y aunque el pulso en el Congreso aún no está decidido, la cartera insiste en que el país ya empezó a sentir su impacto. En palabras del propio ministro, “el riesgo de detener este Ministerio es enorme”. Para sus defensores, su continuidad no es un debate burocrático, sino una apuesta por un modelo de Estado que reconozca y atienda la desigualdad como un problema estructural y urgente.
