Radiografía el impacto real de las nuevas reglas del transporte de carga en Colombia
El reloj empezó a correr y, con él, una de las transformaciones más profundas que ha vivido el transporte de carga en Colombia en décadas. No fue un tic-tac silencioso.
El reloj empezó a correr y, con él, una de las transformaciones más profundas que ha vivido el transporte de carga en Colombia en décadas. No fue un tic-tac silencioso. Se escuchó en las carreteras, en los patios de los puertos, en las bodegas de los centros de distribución y, sobre todo, en la cabina de los camiones, donde los conductores llevan años contando horas que nadie pagaba.
Enero de 2026 marca dos meses desde que entró en vigor la norma que obliga a medir y pagar los tiempos logísticos de carga y descarga. Una disposición que parecía técnica, casi administrativa, pero que hoy se siente en toda la economía nacional. Porque cuando sube el costo del transporte —sea por combustible, peajes o ahora por horas de espera— ese valor no se queda en la vía: termina reflejado en el precio de los alimentos, los medicamentos, los materiales de construcción y cada producto que llega a hogares, hospitales y fábricas.
Para entender qué está pasando realmente en el terreno, Satrack, compañía colombiana con 30 años de trayectoria y referente en tecnología para el transporte de carga, reunió a camioneros, empresas transportadoras y personal operativo para hacer un balance sin filtros de estos primeros dos meses. El diagnóstico es claro: hay avances, pero también tensiones, vacíos y una sensación compartida de estar aprendiendo a correr con el cronómetro en la mano.
El corazón del cambio: medir lo que nunca se midió
La Resolución 20243040058015 de 2024 del Ministerio de Transporte nació con una intención clara: ponerle valor a uno de los mayores dolores históricos del gremio camionero, los tiempos de espera no remunerados. Minutos que se convertían en horas, horas que se volvían días completos sin ingreso alguno.
Desde el 30 de noviembre de 2025, cada llegada, cada espera, cada cierre nocturno y cada congestión queda registrada automáticamente en el Registro Nacional de Despachos de Carga (RNDC). Ya no es el conductor quien debe justificar su tiempo con papeles o explicaciones; ahora es un sistema tecnológico el que deja constancia.
El RNDC no es nuevo. Existe desde 2011 y es, quizá, uno de los retratos más fieles de la economía real del país. Cada día registra cerca de 40.000 manifiestos de carga, con información sobre origen, destino, tipo de mercancía, duración del viaje y valor del flete. Hoy, por primera vez, también registra algo que siempre fue invisible: las horas de espera del conductor.
“En Colombia se realizan más de 1.200.000 viajes de carga al mes. Todo lo que usted come, usa o tiene en su casa fue transportado por carretera. Incluso el dispositivo desde el cual está leyendo esta noticia”, explica Sergio Ramírez, gerente para empresas de Satrack. “Por eso este tema no es solo del gremio; impacta a toda la economía”.
La realidad del asfalto: cuando el sistema no alcanza a contar la vida real
En el papel, la norma promete justicia. En la carretera, la historia es más compleja.
“Yo no me demoré 15 horas descargando, fueron dos”, relata Luis Portela, camionero de carga de electrodomésticos. “Lo que pasó fue que llegué tarde por los trancones y no me recibieron. Preferí dejar el camión adentro del almacén por seguridad. Afuera era dar papaya para que me robaran una carga de más de 1.500 millones de pesos. Al otro día descargué primero. Pero el sistema dice que me demoré 15 horas”.
Casos como este se repiten. El registro automático no siempre distingue entre una espera logística y una decisión tomada por seguridad. Y cuando el dato queda grabado, vienen los reclamos, las discusiones y el miedo a las sanciones.
Otros camioneros son aún más contundentes.
“Esto ha empeorado”, dice Nelson Coy. “Por 12 horas de espera quieren pagar $50.000. Pero uno paga hotel, comida y nadie le hace descuento a uno”.
“Los fletes siguen igual de bajos y nadie está pagando las 8 o 10 horas de espera”, agrega Sergio González.
Lo bueno, lo malo y lo feo: la radiografía del sector
Desde la mirada tecnológica, el RNDC es una mina de oro.
“Los datos son una fortuna”, afirma Sergio Ramírez. “Permiten comparar operaciones, optimizar procesos y mejorar negociaciones. El sector puede dar un salto enorme en eficiencia”.
Pero el mismo Ramírez reconoce el límite: “El transporte es vida real, imprevistos, decisiones humanas. Eso no siempre cabe en un sistema”.
Para Karen Alza, gerente de operaciones en Transportes Alza y Bareño, el avance es histórico: “Por primera vez hay un mecanismo que conecta a todos los actores”. Sin embargo, advierte un problema crítico: las geocercas. “Si la calle es angosta y el camión debe parquearse a seis cuadras, el sistema registra que nunca llegó. Y eso genera conflictos”.
Jorge Ospina, director de operaciones de OV Logistics, valora que ahora la información “no queda en el aire”. Pero alerta sobre un vacío grave: “Muchos generadores de carga no conocen la operación real y terminan trasladando toda la responsabilidad del pago a las empresas transportadoras”.
Desde la trinchera operativa, Carolina Soto, auxiliar logística, apunta a otro cuello de botella: la plataforma. “En horas pico se cae, se bloquea y no hay soporte. A las cinco de la mañana, cuando más se necesita, no funciona”.
El temor compartido es que la presión por cumplir termine alimentando la informalidad: rutas no declaradas, datos omitidos y acuerdos por fuera del marco legal.
Un país aprendiendo a cronometrarse
El reporte obligatorio de tiempos logísticos es uno de los compromisos asumidos tras el paro camionero de 2024. Busca dignificar el trabajo del conductor y ordenar un sector históricamente marcado por la informalidad. Pero el ajuste no es sencillo.
Hoy, el transporte colombiano está aprendiendo a vivir con el reloj encima. A medir cada minuto en un país con vías en mal estado, inseguridad creciente y bloqueos impredecibles.
El llamado que surge desde todos los frentes es uno solo: usar la información para mejorar, no solo para sancionar. Porque si el reloj sigue avanzando sin ajustes, el costo no lo asumirá solo el camionero ni la empresa transportadora. Lo terminará pagando, como siempre, el ciudadano de a pie.
En Colombia, el tiempo empezó a valer. Ahora el reto es que valga para todos.
