Wed, Dec 17, 2025
BOG25: cuando el arte volvió a enamorar a Bogotá
Bogotá

BOG25: cuando el arte volvió a enamorar a Bogotá

Por un instante, Bogotá volvió a mirarse al espejo y reconocerse. Volvió a sentir orgullo, emoción y pertenencia. Entre el 20 de septiembre y el 9 de noviembre, la ciudad

  • Publishednoviembre 11, 2025

Por un instante, Bogotá volvió a mirarse al espejo y reconocerse. Volvió a sentir orgullo, emoción y pertenencia. Entre el 20 de septiembre y el 9 de noviembre, la ciudad se transformó en un gran lienzo colectivo gracias a la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25, un proyecto que no solo cambió el paisaje urbano, sino también la forma en que los bogotanos se piensan y se sienten parte de su ciudad.

Más de tres millones de personas participaron, observaron o transitaron las 28 sedes de la Bienal. Un número que, más allá de la magnitud, revela algo más profundo: una ciudadanía que respondió con sensibilidad y entusiasmo al llamado del arte. Desde la monumental obra La casa en el aire, del argentino Leandro Erlich, suspendida sobre el cielo de Chapinero, hasta las intervenciones barriales en Ciudad Bolívar, el arte dejó de ser una experiencia de museo para convertirse en un gesto cotidiano, una conversación en la esquina, un motivo de asombro compartido.

La Bienal fue un gran acto de amor por Bogotá”, afirmó el secretario de Cultura, Santiago Trujillo Escobar. Y no es una metáfora. Durante siete semanas, la capital se llenó de color, de preguntas y de nuevas miradas. Lo que alguna vez fueron muros, estaciones o parques, se transformaron en espacios de encuentro. Los bogotanos se detuvieron, levantaron la vista, sonrieron. Descubrieron —quizás por primera vez en mucho tiempo— que su ciudad podía ser hermosa, viva y profundamente humana.

El alcalde Carlos Fernando Galán Pachón lo resumió con emoción: “Hicimos historia con la Bienal BOG25. Este proyecto nos devolvió el orgullo y nos impulsó a seguir trabajando por una Bogotá más abierta, creativa y conectada con el mundo”. Y las cifras lo confirman: más de 500 mil personas visitaron las sedes expositivas, 2,5 millones recorrieron las obras en el espacio público, y cerca de dos millones de usuarios de TransMilenio podrán disfrutar próximamente de 137 intervenciones de arte urbano que permanecerán como legado.

Pero el verdadero impacto de BOG25 no se mide en estadísticas. Está en los gestos. En los niños que participaron en talleres de mediación, en las mujeres que pintaron murales en Ciudad Bolívar, en los ex habitantes de calle que bordaron la “Madre Tierra” en el Palacio de San Francisco. Está en los aplausos de quienes asistieron a La casa común, el espectáculo inaugural que reunió a 46.000 personas en la Plaza Cultural La Santamaría. Está, sobre todo, en esa sensación de que el arte puede ser una forma de sanar la ciudad.

BOG25 fue también un acto de inclusión y diversidad. Personas LGBTIQ+, comunidades indígenas, personas con discapacidad, adultos mayores, jóvenes y artistas emergentes encontraron un espacio para crear y dialogar. En palabras del artista John Gerrard, uno de los invitados internacionales, “el arte no da respuestas directas, pero sí moviliza emocionalmente. Nos recuerda que, incluso en tiempos difíciles, hay que mantener la esperanza, los sueños y la comunidad viva”.

El legado es amplio y visible. Desde el monumento Umbral, del artista Carlos Castro Arias, hasta la restauración de Auras Anónimas, de Beatriz González, el arte se quedará en la ciudad como testimonio de un tiempo en que Bogotá se atrevió a creer en sí misma.

Con una participación récord de 250 artistas de 12 países, curadurías independientes y una invitación central a reflexionar sobre la felicidad y el bienestar, BOG25 logró algo pocas veces visto: que el arte saliera a la calle, se mezclara con la vida y se hiciera parte del día a día.

Y cuando la gente habló, el mensaje fue contundente: el 94,3% de los asistentes afirmó sentirse más orgulloso de la oferta cultural de su ciudad. Ese dato, quizás más que cualquier otro, resume el espíritu de esta Bienal: una ciudad que se reconoce en su creatividad, en su diversidad y en su capacidad infinita de reinventarse.

BOG25 fue posible gracias a la unión de 65 aliados públicos y privados, un modelo ejemplar de colaboración en torno a la cultura. Y ya se avizora su siguiente capítulo: BOG27, que promete un enfoque aún más fuerte en arte urbano, experiencias inmersivas y nuevas tecnologías.

Pero por ahora, lo que queda es la emoción. Esa que muchos sintieron al cruzar una plaza, mirar un mural o encontrarse de repente con una casa flotante en el cielo de Chapinero. Esa emoción que convierte el arte en un acto de ciudadanía, y a Bogotá, en una ciudad que, por fin, volvió a sentirse viva.

Written By
Carlos Amaya